¿Somos Güegüenses al hablar?
“El
Güegüense” constituye una de las primeras piezas teatrales en Hispanoamérica y la
primera manifestación literaria nicaragüense más notable desde el tiempo
colonial. La obra se desarrolla en un momento en concreto: la castellanización
de la población un indígena de Nicaragua, marcada por el transcendental proceso
del mestizaje. “El Güegüense” representa la licuación de culturas española e
indígenas combinadas en el teatro, la danza y la música, incluso ésta se
considera una obra bilingüe escrita en castellano y náhuatl, lo que hace que el
valor de esta obra teatral nicaragüense sea lingüístico.
En
otras palabras, la obra tiene un gran valor léxico-semántico para la
comprensión de habla nicaragüense como parte de su cultura. Actualmente esta
obra de comedia-bailete es representada en el teatro callejero y en el 2005 es proclamada
por la UNESCO como una verdadera joya cultural, a la vez recomiendan protegerla
y preservarla por ser valorada como la primer pieza dramática de protesta en
América. Por lo tanto, es importante explicar la importancia o funcionalidad de
leer la obra de teatro “El Güegüense” especialmente en estudiantes de educación
media desde el plano lingüístico para la comprensión del habla de nuestro país,
ya que a través de ella conocerán los rasgos lingüísticos aún vigentes.
Esta
pieza literaria se origina durante la
época colonial, lo que la hace la obra más antigua no solo de Nicaragua, sino
también de América y la más representativa de las raíces indígenas. La obra “El güegüense” representa no solo el
encuentro de culturas entre colonizadores españoles y nativos indígenas, sino,
también representa el encuentro entre la lengua náhuatl y española, es decir un
encuentro lingüístico. Hubo un proceso de adaptación de culturas y más
tarde en los pueblos indígenas de América se impuso el español como lengua
oficial y el cristianismo como religión impuesta; en la obra lo podemos notar
en la forma del saludo:
Güegüense: “Ruego a Dios que proteja a
usted, señor Gobernador Tastuanes”
En
este saludo y en otros donde el Güegüense se dirige a las autoridades españolas
se puede notar por sus palabras que el nativo se ha adaptado a las nuevas
órdenes jerárquicas, siguiendo protocolos de presentación como mencionar a Dios
y rogar o preguntar por la salud de estos. Esta forma en los saludos aún es
vigente en el habla nicaragüense cuando se pregunta por la salud o se agradece a
Dios por ella: “¿Cómo está?” “Dios te guarde”,
etc.
Así
es como durante esta época se produce una combinación no solo de culturas, sino
también de sintaxis que da lugar a una fusión de idiomas, a una aventura
creadora, juegos de palabras, travesuras humorísticas y neologismos luego de
ese interesante encuentro. Como aventura creadora tenemos la palabra “sobornal”
o “arrebatiarse” la cual viene de arrebatiar
que significa atar una res a la cola de un caballo, es una palabra creada para
este acto a al que tuvieron que adaptarse, porque anteriormente los caballos no
existían en américa o “cabriolé” que puede referirse a “una silla volante o
descapotable o a un capote con mangas”[1], los cuales eran usados
por los españoles, sin embargo en la obra, el Güegüense es quien se dice
haberla usado, lo que representa la adopción de cultura y de lengua por lo que
se puede decir que el habla nicaragüense es producto de un mestizaje
lingüístico.
La
obra teatral “El Güegüense” muestra la formación de la lengua que habla el
nicaragüense, la cual en un inicio se construyó como un recurso lingüístico
para el discurso crítico a la colonia española. Dentro de esa aventura creadora
para la formación del habla nicaragüense, a como se refería antes, se obtienen
los neologismos, que se refiere al vocablo, acepción o giro nuevo en una lengua[2], los cuales surgieron por
la misma adaptación de culturas la castellanización y nahuatlización que dieron
lugar a la formación de elementos gramaticales incorrectos o incluso nuevos,
por ejemplo en la frase:
“Güegüense: ¿”cojudos”? Pues qué, ¿no
eran capones?”
la
palabra “cojudos” es usado en vez de cojubo (animal no castrado) es un vocablo
nuevo en el léxico de la época por adoptar la cultura de la castración de
animales y de ahí nace la libertad creadora de la lengua que habla el
nicaragüense.
Por
estos motivos de adaptación y necesidad de la comunicación es que la lengua nativa pasó a ser de lengua
dominante a lengua dominada, siendo hoy
en día solo un sustrato. Según explica Bonilla (2015: p.2) “en el año 1535
Carlos V había encomendado a los religiosos de la nueva España la
responsabilidad de alfabetizar a los indios“[3] de esta manera, luego que
los pueblos nahuas aprendieron español solo quedaron algunos léxicos de origen
náhuatl como lengua de sustrato. En la obra desde el título “El Güegüense”, el
cual corresponde también al nombre de personaje principal de ésta, ya es una
palabra de origen náhuatl que significa viejo, también otras palabras de
sustrato del náhuatl como en:
“Güegüense:…ropa de contrabando, güipil de pecho güipil
de pluma…
la
palabra “güipil” del náhuatl huipilli
que se refiere a una especie de blusa adornada propia de los trajes indígenas[4], que todavía se usa en México
y Centroamérica. También la palabra “petate” del náhuatl petlatl´estera´ que significa, según la RAE “estera de palma, que
se utiliza en los países cálidos para dormir en ellas”, y otras palabras que
este mismo origen que se mencionan más adelante, pero que son –como toda la
lengua nativa- hoy en día un sustrato.
En la obra teatral “El Güegüense” se mantiene un dialecto mixto
de un adstrato dominante y un sustrato en decadencia. Sin lugar a dudas, el
colonialismo o la conquista española fue violenta lo que provocó que
desapareciera gran porcentaje de la cultura de los pueblos nahuas -incluida su lengua- debido a la imposición
agresiva de la elite española y aunque en la obra si es evidente la presencia
de indigenismos estos nada lo muestran como un sustrato en decadencia, sin
embargo se mantiene una combinación lingüística bilingüe.
En “El Güegüense” se
destacan rasgos lingüísticos náhuatl presentes en el español actual
nicaragüense. Se presenta la palabra ´tecomaxochipl´ en
el parlamento 159 que significa “madera floja”. Como algunos rasgos lingüísticos vigentes en el español
nicaragüense se muestran en el uso de vulgarismos como “jipato” que procede de
hepático y se aplica al color amarillo verdoso, que podría tener sinonimia con
pálido. Como otro rasgo lingüístico tenemos la palabra “soplado” que al parecer
esta usado en el sentido de hinchado o “apupujado” es decir lleno.
Como
otro rasgo lingüístico se presentan los arcaísmos presentes en la obra, por
ejemplo; en el parlamento 11 la palabra “rompido” participio del verbo romper,
es usada en la obra de forma arcaica y en la actualidad también es usada sobre
todo en personas con bajos niveles de escolaridad. También la palabra
“endenantes” es un arcaísmo que significa “antes o con anterioridad”, aunque muchos de estos
vocablos son gramaticalmente incorrectos y otros cayeron en desuso, aún tienen
vigencia en la sociedad nicaragüense.
Las formas de
tratamiento presentes en la obra “El Güegüense” reflejan las huellas
lingüísticas en el español nicaragüense actual; esas
huellas producto de ese proceso de castellanización o mestizaje lingüístico. La
forma de tratamiento “Don” el cual es un
vocablo de origen hispano muy usado protocolarmente que anteceden al nombre de
la persona a quien se le tiene respeto o como una expresión de distinción social
o de cortesía, que en la obra se demuestra que es un vocablo ya muy adoptado
por los nativos como a los hijos del Güegüense “Don Forsico” y “Don Ambrosio” y
también el llamar “señor” a los considerados superiores como al “señor
gobernados Tastuanes”, cabe mencionar que este nombre es producto también de
esta mezcolanza puesto que el puesto de ´gobernador´ es de origen hispano, sin
embargo, “Tastuanes” es de origen náhuatl Tlatoani,
que significa “jefe”, se supone que esto es como estrategia que utilizaron los
colonizadores para establecer negociaciones cuidosas con miembros poderosos de
las civilizaciones indígenas (Dugan, 2018)[5], ya que esto fue necesario
mientras se establecían.
Los
fraseologismos en la obra “El Güegüense” continúan vigentes en el habla del
nicaragüense y es señal de identidad hecha para la cultura que le da a la lengua hermosura y sonoridad.
En el parlamento 58 se lee el siguiente fraseologismo:
“Güegüense: ¡cómo no!, mala casta, ojos de sapo muerto…”
Y
el parlamento 223:
“Güegüense: para eso es bueno este soplado, ojod de sapo muerto… ve,
¡que bizarra doncella esta otra muchacho!”
las
cuales hacen referencia a las expresiones familiares y populares por parte de
todos los actores dramáticos en la obra, los cuales evidencian las relaciones
sociales de la época y aun en la actualidad.
Los
hipocorísticos, dialectismos, vulgarismos y neologismos perviven en la
formación del habla nicaragüense. El hipocorístico ‘tatita’ usado por Don Forsico para referirse a su padre el Güegüense
es usado aun en la actualidad, o como en otras adaptaciones ‘papito’. Palabras
como ‘petate’, ‘pachacha’, ‘chocola’
‘güipil’, entre otras; son dialectismos que también son vigentes y evidencian las relaciones sociales en
Nicaragua.
En
la obra “El güegüense” se alude que el castellano, producto del encuentro,
también se nahuatlizó debido a que los conquistadores españoles tras el
contacto con estos pueblos conservaron prestamos lingüísticos, como nombres de
frutas y lugares como Managua, Nindiri. En la obra como se mencionaba antes se
presentan variantes actuales del español nicaragüense como las palabras ‘petate’ o la expresión ‘de gorra’ que se refiere a “de gratis” los cuales son vigentes y
aun le dan esa particularidad del habla nicaragüense.
Sin
lugar a dudas la obra tiene un importante valor lingüístico que representa no
solo la licuación de culturas, sino también de lengua, lo cual aportó a la
formación del habla nicaragüense y ahí es donde radica la importancia de ser
leída esta obra sobre todo en estudiantes de educación media, desde el plano
léxico-semántico para conocer los rasgos lingüísticos náhuatl aún vigentes,
pese a las embestidas del idioma español y a como dice Mantica: “el Náhuatl es
un alengua hecha para la cultura, para la enseñanza. Cada palabra es un pequeño
libro”[6].
María José Sánchez Díaz
[1] Cabriolé: 1. m. Automóvil descapotable. 2. m. Especie de capote con
mangas o aberturas en los lados para sacar los brazos.
[2] RAE. De neo-, el gr. λόγος lógos 'palabra' e -ismo. 1. m. Ling.
Vocablo, acepción o giro nuevo en una lengua. 2. m. Ling. Uso de neologismos.
[3] Bonilla Sánchez, J. (2015). Lengua náhuatl: un recorrido histórico
lingüístico a través de los siglos.
[4] RAE.
[5] Dugan Iverson, S. (2018). Los eternos toltecas: historia y verdad
durante la transición del periodo Azteca al periodo colonial.
[6] Mantica. (1989).
Realmente sí somos Gueguenses en muchos aspectos, no solo al hablar. Sin duda alguna la mayoría de nuestro léxico procede del náhuatl; esta obra representante al Nicaragüense en todo su esplendor,Desde los tiempos de la conquista española, los diferentes pueblos que han convivido en Nicaragua han ido dejando su huella y aportando sus peculiaridades, que conforman la manera de ser y de vivir del actual pueblo de Nicaragua.
ResponderEliminarEstá es la primera obra literaria de Nicaragua y está también relacionada con el folclore y el mestizaje: "El Güegüence", teatro bailable escrito en español entremezclado con náhuatl que se representa todavía en algunos pueblos, como Diriamba, el día de su fiesta.
importancia de esta lengua en la época de la conquista.
"La lengua náhuatl es demasiado potente y el nicaragüense de hoy habla realmente en náhuatl usando palabras castellanas" (cf. C. Mántica, "Sobre el náhuatl oculto" en: El habla nicaragüense, ed. Hispamer, Managua, 1994, pág. 141)
Excelente aporte, gracias.
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ResponderEliminarUna obra literaria nicaraguense , cultural, que refleja la vida y sentir de este pueblo
ResponderEliminarOrgullosos de este patrimonio.
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