martes, 25 de octubre de 2022

“Comprendiendo su muerte”

 Ensayo crítico literario de El Túnel de Ernesto Sábato by Daryl Loana Rayo


Imagen: Los amantes. Akseli Gallen-Kallela. 1917
“Comprendiendo su muerte”

Uno de los grandes éxitos del autor Ernesto Sábato es “El Túnel”, reconocida novela realizada en 1948 siendo una de las primeras novelas del creador en la que se expresa un ambiente con traumas psicológicos en la cual relata temas ciertamente nuevos para la época como lo son el suicidio, obsesión, prostitución o infidelidad, posicionando la novela en los más altos estatus del entonces llegando a ser traducida en varios idiomas por su impacto en la literatura. 

Ernesto Sábato por su parte fue un físico, pintor y novelista nacido en Rojas, Argentina, en 1911 quien creó diversas novelas como lo son “El túnel”, “Sobre héroes y Tumbas” y “Abaddón” que expresan distintos temas de referencia psicológica, esto se debe a que el escritor presentaba ciertas incógnitas de la mente humana y quería presentarlas en sus novelas como experiencias sociables. Ernesto principalmente no tenía pensado dirigirse al arte en general hasta que se dió cuenta que sus estudios y enseñanzas sobre física no le satisfacían lo suficiente, decidió integrarse al mundo de las artes tales como la pintura y la escritura, abriéndole un mundo de más libertad al expresar su percepción de la vida y el sentido de esta.

 El libro de éxito, El túnel, se basa en el relato de Juan Pablo Castel y María Iribarne, esta novela presenta temas como la obsesión, manipulación, entre otros. La idea principal de la novela expresa la manera en como Castel, un hombre que no comprendía a la sociedad y pensaba que miraba el mundo de manera diferente a los demás, se termina obsesionando con María Iribarne, una mujer que conoció en una de sus exposiciones y se quedó viendo una de sus obras, “Maternidad”, desde ese entonces, Castel consideró que esa era la única persona que podía comprender su perspectiva de la vida y con quien debía pasar sus días. 

Juan Pablo Castel es el personaje principal en toda la novela, quien lleva toda la trayectoria de la novela puesto que habla sus experiencias de amor u obsesión hacia María obtenida por todo este tiempo mediante un relato, ya que, se entiende el final de la historia apenas leyendo las primeras líneas de esta. Castel se muestra en toda la historia como una persona necesitada de comprensión y cariño, puesto que se explica que en su infancia no fueron muy presentes dando a luz su comportamiento en su era ya adulta, dando como resultado su obsesión a quienes le demuestran un interés a su manera de pensar y empatizan con esta. 

—Prométame que no se irá nunca más. La necesito, la necesito mucho —le dije. 

Castel presenta un problema al enfrentar ciertos problemas de la realidad a pesar de que se considera un personaje con una perspectiva clara de cómo piensa o pasa a su alrededor, aun así, es alguien que sobre piensa las posibilidades que le podrían ocurrir o acciones que puede que pasen en algún momento, en realidad, que mantenga un pensamiento constante de sus incógnitas no es saludable, ya que, debido a esto se va desarrollando una conducta agresiva hacia ajenos tanto física como psicológica pero también le genera depresión hasta el punto de embriagarse para olvidar todo lo que sucede a su alrededor, entonces, se puede diagnosticar a Juan Pablo Castel como una persona que presenta problemas de demencia y racionalidad, que cuando las cosas no están en su parecer, puede afectarle negativamente en su vida.

 “—Si no venís, me mataré —repetí por fin—. Pensálo bien antes de tomar cualquier decisión” 

 En todo el relato se van conociendo los problemas que presenta Castel en su vida, desde el primer instante entendemos que este mata a María Iribarne, los sucesos inician desde que Castel la conoce en su exposición de arte, lugar donde Castel se empieza a obsesionar con ella al pensar que podía entender todas sus incógnitas y que le comprendía en su totalidad, a pesar de todo esto, Castel no logra conversar con ella por su gran timidez, pero a lo largo de los meses, empieza a crear ideales de María desde la raíz de verla “examinar” su obra. 

“—Mi cabeza es un laberinto oscuro. A veces hay como relámpagos que iluminan algunos corredores. Nunca termino de saber por qué hago ciertas cosas.” 

Una vez Castel y María finalmente se conocen y expresan de vez en cuanto sus ideales, Castel fortalece el hecho de que María está hecha para él, que no encontraría alguien más que pueda comprenderlo más a como ella lo hace, sin embargo, los problemas empiezan a tomar flote desde el instante en el que Castel se entera que está casada, todas sus incógnitas lo carcomen por dentro llegando a crear un incómodo interrogatorio hacia ella. Una vez ambos llevan más allá su relación, la sospecha de que María no es sincera con él lo inunda, creando escenarios agresivos entre ambos, llegando un punto en el que Castel se satisface al decirle cosas hirientes, liberando todo su estrés emocional en ella, creando un circulo toxico que cada vez aumenta hasta poder lograr acabar con la vida de María. 

“—Tengo que matarte, María. Me has dejado solo. 

Entonces, llorando, le clavé el cuchillo en el pecho.” 

Gracias a la estructura de la novela y la redacción de esta, se conoce que se redacta en “in extrema res” donde se relata el momento final de la novela, en este caso la muerte de María y luego regresa al comienzo de la historia relatando las escenas hasta llegar al final de esta, el asesinato de ella, María. Se puede entender que gracia a los detalles expresados por Castel que el punto de vista es interno, puesto que la gran parte de esta se basa en los pensamientos del personaje, la manera en la que se actúa y se redacta personalmente las acciones que se realizaban. 

En la novela se presentan varios personajes aparte de Juan Pablo Castel como personaje principal o María Iribarne como el personaje secundario más relevante de esta, puesto que se genera un circulo amoroso y toxico entre ambos, debido a que Castel es alguien que sobre piensa bastante las cosas y no puede parar de investigar con la idea de llegar a una conclusión haciendo que opte conductas negativas y de violencia ante ella, a pesar de poder clasificado como misógino por la manera que la trata, él llega a ser persuasivo y manipulador con otras personas, no con el pretexto de ser mujer, si no por ser humano, mientras que María es alguien que prefiere mantener las cosas para ella sin dar tanta información de lo que siente o piensa, haciendo que desespere a Juan Pablo por no darle la información que él quiere. Mientras que él se desespera por saber la verdad, María mantenía una relación con Hunter, quien influye en las próximas problemáticas de la novela, ya que era un tipo en cuestión un tanto celoso y preocupado por las cosas que le pudiesen pasar a María, haciéndolo alguien observador y juzgador basado sus lógicas, por otro lado, Mimí, prima de Hunter, quien la presentan como malvada y también conversadora, una señora de origen francés, con un cierto gusto por las novelas rusas, este personaje no aporta un tipo de drama a la obra, pues es un personaje episódico. 

El primo de Hunter y esposo de María Iribarne, Allende, un ciego que tenía una pasión por los libros cuando aún tenía visión, era un hombre que conocía la relación y el estado en el que se encontraba con su familia, incluyendo Hunter y María, era consciente de las infidelidades de ella y de cierta manera la traición de su primo, gracias a la declaración de Castel sobre el asesinato de María, este se encontraba abatido, enfadado y confuso, estos sentimientos que llegaron a finalizar con su vida por la noticia. 

Juntando todas las problemáticas de los personajes y la novela, se presentan temas en su mayoría psicológicos como las obsesiones que en su mayoría causan celos y toxicidad que perjudica a las personas que lo presentan, estas personas suelen ser desconfiadas y desean tener el control de todo y al no tenerlo sobre piensan las situaciones y actividades, esto causa muchas veces que se encierren en su círculo y terminen sintiéndose solos e inseguros, Castel presenta estos problemas debido a la falta de comprensión, amor y presencia materno o paterno haciendo que lo presentara en María, la única persona que creía que lo comprendía. 

“yo vivía obsesionado con la idea de que de que su amor era, en el mejor caso, amor de madre o de hermana. De modo que la unión física se me parecía como una garantía de verdadero amor” 

 En conclusión, “El túnel” es una novela que logra presentar bastante bien los problemas que contienen las personas, en específico, problemas psicológicos infantiles que se ven reflejados en la adultez y llevados a niveles extremos, la muerte. Con la novela podemos apreciar las dificultades de la sociedad, la diversidad de esta y las acciones que toman los humanos en distintas situaciones, y comprenderlas para aprender de estas y dejar de vernos reflejados en personajes con actitudes cuestionables y trabajar en la responsabilidad de cambiar estas actividades. Como lector de “El Túnel”, puedo pensar que hay que tener una mente clara a los sucesos que se trabajan a lo largo de la novela y comprender ambos instantes de estas, como el principio a como el final para entender los sucesos, pero no justificarlos por más extremos que sean.

Daryl Loana Rayo

PREPA-UNICA

miércoles, 10 de agosto de 2022

¡La única felicidad alcanzada por la mujer era el matrimonio!

Literatura feminista de Virginia Woolf en la Señora Dalloway


La Señora Dalloway es una novela de género narrativa, describe una serie de sucesos desarrollados en la época de postguerra en la sociedad de Londres, por ende, se puede considerar una novela realista, ya que, brinda datos histórico-sociales mientras los personajes se desenvuelven en las calles de Inglaterra después de haber terminado la primera guerra mundial. En primer instante la lectura de La Señora Dalloway puede resultar un poco compleja debido a los saltos en el tiempo que Virginia Woolf utiliza en su narrativa. La novela cuenta con varios personajes con distintas personalidades e intereses que pueden ser individualmente temas para objeto de estudio. Uno de los temas que se pueden sustraer de la novela es el feminismo, tema que a menudo aborda Woolf en sus obras.

Virginia Woolf (1882-1941) fue una escritora, ensayista y novelista que siempre fue bien acogida en la crítica literaria por su estilo innovador y por tratar temas controversiales y aún vigentes de forma única y original. Virginia Woolf empezó a publicar a partir de la muerte de su padre, en 1904. Su padre era escritor y tenían una extensa biblioteca. Es considerada pionera del feminismo, no feminista en el sentido moderno, ni exactamente pertenecía a grupos u organizaciones feministas, pero es obvio que mediante sus obras inició cambios importantes en la percepción pública de la mujer como escritora o artista en general.

En La señora Dalloway mediante algunos personajes refleja  la protesta del trato a la mujer; describe a la mujer como limitada a trabajos banales, como al quehacer doméstico y protectora del hogar, además de ser menospreciada y opacada por el género masculino. Más tarde publica su ensayo “Una habitación propia” en el que Woolf hace un análisis respecto a las dificultades de la mujer que quisiera dedicarse a la literatura o a cualquier trabajo artístico.

La Señora Dalloway es una novela que describe el papel que desempeñan las mujeres y los hombres en la sociedad. La cultura inglesa le asignó a la mujer el papel señorita pudorosa, como un ejercicio de interiorización del discurso patriarcal  donde al hombre se le asignaba los social, lo exterior y los trabajos “importantes” mientras que a la mujer se reserva el espacio íntimo de la casa y hasta eran educadas en su propio domicilio, contrario al hombre que eran mandados a estudiar fuera.

Aparte de los ideales de la mujer relegada a actividades domésticas, en La Señora Dalloway, Virginia Woolf también reflexiona sobre el prototipo de la mujer ideal y el proceso que esta debe pasar para llegar a ser la “Perfecta dama de la sociedad” donde la mujer es analizada desde su vestimenta ya que “a las señoras se las conoce por sus zapatos y sus guantes” (p. 6)[1], sin embargo la misma Clarissa Dalloway dijo que a su hija los zapatos y los guantes le importaban un comino. De hecho, Elizabeth es el personaje que representa a  la mujer que lucha por escapar de ese rol que le será asignado, huye de la postura de la mujer “ideal” y “dama de la sociedad” a la que tiene que preocuparse por su vestimenta, ir a bailes y ser presentada a la sociedad. Elizabeth representa esa rebeldía, ella quiere es estar con su padre y con sus perros o distraerse sola con otras actividades que no tienen que ver con lo asignado a la mujer.

El ideal del matrimonio es criticado en La Señora Dalloway, el ideal de la mujer que aspira a casarse para obtener una “vida lograda” la preocupación por obtener un apellido, y obtener supuestos beneficios luego de un matrimonio formado más por conveniencia que por amor. En su juventud Clarissa hablaban con Sally (una amiga) del matrimonio como una catástrofe, pero la sociedad  les obligaba a llegar a ello para ser una perfecta dama de la sociedad. Woolf hace una crítica a las normas que dictaban que la única felicidad alcanzada por la mujer era el matrimonio

Lucrezia Warren Smith evidencia la falsedad del mito de la realización femenina mediante el matrimonio y la felicidad de la mujer casada, Rezia aunque ama a su marido Septimus, dícese sufrir por el destino que le tocó, el de cuidar a su marido que ya no era el mismo, que era más que muerto. Lucrezia representa la mujer desencantada luego de padecer los conflictos del yugo matrimonial, este personaje es una protesta de la mujer quien es la que tiene que renunciar a todo al casarse:

“Todos renunciamos a algo cuando nos casamos. Ella había renunciado a su hogar. Había venido a vivir aquí, en esa horrible ciudad. Pero Septimus se permitía pensar en cosas horribles cosa que también podía ella, si lo intentaba. Septimus se había convertido en un ser más y más extraño” (p. 37)[2]

La bisexualidad es un tema más expuesto en la novela. Tenemos dos ejemplos las relaciones lésbicas entre Clarissa Dalloway y Sally Seton en su juventud, y la de Elizabeth y la señorita Kilman. Estas relaciones no son expuestas de manera erótica, pero representan el amor real, fuera de lo común y de lo impuestos por la sociedad, y de ese matrimonio idealista. Desde el punto de vista de feminismo estas relaciones simbolizan que la mujer puede sentir lo mismo que el hombre cuando se despoja de sus adornos y vestimenta, los que representan a las sociedad con ideologías o prejuicios fuertemente arraigados.

La Señora Dalloway es una novela completa aborda muchos temas de interés, como las secuelas de una sociedad de postguerra, las diferencias en las clases sociales,  la falta de medicina con respecto a enfermedades mentales, el amor, la bisexualidad y el feminismo. La Señora Dalloway es una novela de Virginia Woolf en la que expresa su constante preocupación por estos temas lo que se podría considerar como un modo de ayudar a hacer justicia social, y específicamente hacer justicia a la mujer. 


María José Sánchez Díaz



[1] Woolf, V. (1925) La señora Dalloway.

[2] Woolf, V. (1925) La señora Dalloway.

El lector que tenga inquietudes y busque el sentido íntimo de las cosas, de la naturaleza y de sí mismo.

 

“La preocupación filosófica por las relaciones existentes entre el ser humano y lo absurdo de la vida en La caída de Albert Camus y Damián de Hernán Hesse”

La caída es una obra, como todas las Camus, simbólica. Sin embargo, La Caída en particular es una novela que agrega algo más en el estilo literario de Camus y es que no utiliza símbolos con un significado fiel, más bien utiliza un símbolo que abre paso a varias interpretaciones.

Albert Camus fue un escritor francés, ensayista, dramaturgo, novelista, periodista y filósofo, nacido en Argelia 1913 y murió en Francia en 1960. Escribió bajo el movimiento filosófico del existencialismo heredado de Schopenhauer y de Hegel, aunque como afirma Gutiérrez (2014): “Camus nunca quiso aceptar que los críticos lo ubicasen dentro del existencialismo” (p.129) por lo que luego optó por nombrar sus propias ideas como “La filosofía del absurdo” o “El absurdismo” ideas en las que reflexiona sobre el caótico destino de los seres humanos y lo absurdo de su existencia.

Jean-Baptiste Clemence es el personaje protagónico de La Caída, de hecho el único que explícitamente interactúa en la novela, ya que existe un interlocutor silencioso el cual no logramos saber nada, más que por lo evidente, sólo acompaña y escucha a Clemence. Jean-Baptiste Clemence cuenta su historia de vida de años atrás cuando vivía en París y era un abogado de prestigio donde se podría decir que había construido una “vida lograda” que demostraba una sociabilidad feliz. El personaje se vanagloriaba diciendo que había hecho “lo bueno” como dar limosnas a los pobres, ayudar a los ancianos o a un desvalido en la calle pero que nada de esto le satisfacía.

Jean-Baptiste Clemence es un personaje existencialmente desorientado en esta etapa de su vida, pues busca darle sentido a su existencia actuando como un “buen ciudadano” para lograr una buena imagen pública en un mundo idealizado, actuaba con un ciudadano “correcto” aunque esos actos le causarán repugnancia, puesto que no mostraba lo que realmente era, Camus en “El hombre rebelde” reflexiona que “el hombre es la única criatura que se niega a ser lo que es” (Gutiérrez, 2014). Es algo absurdo en el ser humano, pues el hombre nunca muestra lo que realmente es, o sus verdaderos propósitos, además es innegable que a diario nuestros actos son cargados de segundas intenciones o a menudo le damos más importancia al qué dirán los demás, pasando por encima de lo que realmente queremos hacer y preferimos estar al lado del mundo que a veces  nos doblega.

Según Hernández (2009) “el absurdo nace como una confrontación dramática ante el rostro del mundo: rudo, cerrado, extraño; rostro donde el silencio no expresa el acuerdo entre los hombres, sino la negativa a un porqué  de las indagaciones del sujeto” (p. 90). El porqué de sus actos es lo que hizo razonar a Clemence y darse cuenta que sus buenas acciones tienen una causa oculta, son estrategias para vivir encima de los demás y es donde Camus refleja la ambigüedad y la dualidad del ser humano. La dualidad del pensamiento del hombre se refleja en relación a sus actos. Jean-Baptiste Clemence representa al hombre que siempre actúa pensando en sus propios intereses.

La angustia existencial se presenta por la situación difícil de la vida y ella se alimenta de la irracionalidad en que se desenvuelve la sociedad (Gutiérrez, 2014).  La sociedad inherentemente es irracional debido a que siempre está sujeto a ideologías que le ponen “orden” al caos del mundo en el que vivimos y a que,  de lo que no encontramos respuesta instantáneamente lo recompensamos a algún tipo de ideología. Jean-Baptiste Clemence dejo el papel de “ser bueno” a un lado y se inclinó al lado de la razón, una razón inconclusa pues es absurdo pensar que encontraremos respuestas a las interrogantes sobre la vida y la  existencia del ser humano y sus comportamientos.

Tras el suceso de la caída, que más bien es el relato de un suicidio que Clemence observa, de una mujer lanzándose al vacío sin que él moviese un dedo, fue un detonante para reconocer que no es tan bueno y honorable como pensaba serlo lo que provoca un cambio inexorable en su pensamiento y entra a un nuevo rol, el de ser “juez penitente” mientras cae en la “indiferencia”, así suele llamársele comúnmente a la conducta de una persona que no se incomoda con lo que suceda a su alrededor, a quien no le importa lo demás a menos que no le afecte a la persona misma. La sociedad está doctrinada en el pensamiento que el humanismo es ayudar y compartir el dolor de los demás, de lo contrario sos un ser raro y extraño.

La moral, en Camus, no está subordinada a una normatividad de corte deontológico, es decir, no depende de principios establecidos jurídica y políticamente, que tiendan a armonizar las conductas de los seres humanos, al inscribirse en la relación del hombre con los demás individuos, y en las situaciones por las cuales transita en su paso por la contingencia del vivir (Hernández, 2009). Según los dogmas de la sociedad, Clemence se vuelve un personaje apático por mostrarse indiferente con lo que acontece  a su alrededor, no obstante, Camus a través del personaje de Clemence hace una crítica a las  personas que actúan ser buenos y solo son seres  duales. Camus a través  de Clamence y muchos otros personajes que reflejan su visión de la vida, muestra su propio pensamiento pesimista en contra de “la manera racional” en que se sustenta la vida social del hombre.

Hernán Hesse, de similar manera, aborda en sus obras la preocupación filosófica por las relaciones existentes entre el ser humano y lo absurdo de la vida, los cuales pueden ser abordados bajo las teorías de Camus y de otros filósofos.

Demián  es una novela escrita por Hernán Hesse a finales de la Primera Guerra Mundial, destacándose  en el terreno de lo filosófico; al contar una biografía imaginaria (que algunos afirman que es parte de la biografía de Hesse), donde también afloran elementos psicológicos  como tal, el existencialismo según Albert Camus “la filosofía de lo absurdo” la cual es una corriente de pensamiento sumamente popular en su época que se manifiesto en los más variados ámbitos de las artes, como la novela, el teatro o el cine, y Demián no es la excepción ya que se trata  de ideas reflexivas sobre el caos del destino del ser humano en cuanto a su existencia.

Demian es una obra en la que resuena el espíritu de la época con sus notables influjos culturales; así llega hasta ella  de modo especial, el psicoanálisis profundo junguiano. La novela “Demian” está impregnada de las doctrinas psicoanalíticas junguianas la cual nos dice que no se puede afirmar con seguridad absoluta que las figuras de los espíritus sean moralmente buenas, de manera que  las bases sobre la cual se edifica la vida inconsciente de la psique, son tan poco firmes, que no podemos nunca saber cuánta maldad se necesita para atraer la bondad, ni cuánta bondad es capaz de inducir a la maldad. Lo cual nos conlleva a una alegoría de razonamientos. Toda la obra es una persecución del “sí mismo”, distinto del “yo”. Proceso que debe recorrer por sus diferentes  etapas.

En cuanto a Sinclair experimenta una crisis existencial a través de Kromer, encarna pues, este arquetipo del espíritu, en su aspecto negativo, que luego de una serie de sucesos se da cuenta que existe un mundo más allá de su mundo idealizado y luminoso, pero necesario para una renovación, de la que nuestro personaje, hasta el momento, poco conoce y de allí su carácter de terrible e incierto (Soto, 2011). Ante la fatalidad y la revelación de este mundo tenebroso, aparece un nuevo guía, pero ahora, manifestando el aspecto positivo y superior del arquetipo que antes se había mencionado (el de Kromer). A través de la historia de Caín y Abel, Demian se presenta a Sinclair, con cuestionamientos nuevos de aquello que hasta entonces había representado una verdad incuestionable, la de Caín un hombre noble y Abel un cobarde.

En esta nueva etapa, encontramos la ambivalencia que experimenta Sinclair,  de la mano de Alfons Beck, Emil se experimenta  de lleno sumergido en su mundo oscuro; posteriormente traba amistad con un organista de iglesia llamado Pistorius con quien aprende muchísimo acerca de una deidad ambivalente llamada Abraxas. Pistorius posee un conocimiento enciclopédico sobre este dios, que combina lo bueno y lo malo, y que Emil considera muy adecuado porque reúne ambos aspectos humanos.

La  dualidad  en Emil se ve reflejada  cuando expresa que su relación se fue haciendo cada vez más estrecha y más profunda con Abraxas, “comencé a darme cuenta de que en mi sueño invocaba a Abraxas”… “Placer mezclado con espanto, hombre y mujer entrelazados, lo más sagrado junto a lo más horrible, la culpa más negra palpitando bajo la más tierna inocencia: así era también Abraxas”. El personaje de Sinclair exhibe la dualidad del  ser humano en la que el bien y el mal son inseparables e inevitables en la personalidad del hombre.   En la figura de Beatrice, también destaca la dualidad del hombre: “eran las dos cosas, esas dos cosas y muchas más: ángel y demonio, hombre y mujer, hombre y animal, bien supremo y hondo mal. Pensé que estaba predestinado a vivir aquello, que mi destino era probarlo. Sentía deseos y miedo; pero siempre lo tenía presente”

En la obra la figura de Dios aparece en varios personajes en los cuales están sus principios cristianos inculcados por sus padres, luego Demian,  Pistorius, Frau Eva y el propio Sinclair–, sobre los cuales girará la formación filosófica, o «conciencia individual» del protagonista. En la obra se describe como el hombre se ha sometido a Dios un ser supremo en un mundo real de apariencias tal como lo plantea Nietzsche (1900) con “La filosofía a martillo” inversión de valores con falta de sentidos, a lo bueno se le llama malo  y a lo malo bueno. Se hace patente el fracaso de los sistemas, tanto políticos como religiosos, quedando el individuo solo ante sí mismo, y ante a Abraxas que simbolizaba el espíritu libre y combativo en busca de su propia identidad, a través de la unión de contrarios (el bien y el mal).

Podríamos decir que la obra se puede interpretar desde óptica nihilista, se evidencia por su crítica a todo movimiento ideológico, principalmente a los obstaculizan  al hombre de razonar y criticar todo movimiento limita su pensamiento como la dualidad separadora de los monoteísmos dogmáticos, especialmente el cristianismo.

El protagonista comienza a conocerse y a conocer el mundo, tal a como es (la vida, la muerte, la amistad, el amor, el pensamiento, la acción, la familia, la naturaleza, la religión) sobre todo, la polaridad -por otro lado, una constante en algunos de los personajes más importantes y conocidos de Hesse, es que somos doble. Somos lo positivo y lo negativo, lo blanco y lo negro. Pero todo está en nosotros.

También  se visualiza el desencantamiento de Sinclair  con las  opuestas visiones de la vida que dilaceraban su alma. Por un lado estaba el mundo luminoso y claro del bien, y por el otro sentía vivir la oscuridad y el mal. Su anhelada pretensión era la de marchar de continuo cumpliendo con una vida ejemplar, asignada por las ejemplos  de sus padres, pero no podía dejar de sentir el agotamiento dentro de sí- de inclinaciones que lo apartaban de ese mundo empujándolo  exageradamente, sentía como "perdición". Esa atracción  (catarsis) hacia lo tenebroso, tal vez haya sido responsable de su acercamiento, con  Kromer.

La obra también se puede interpretar desde el punto de vista del psicoanálisis, en relación con la teoría freudiana de los sueños:

“Sinclair afirma  entre otras cosas que soñaba a menudo que Kromer me maltrataba, que me escupía y se arrodillaba sobre mí; y, lo que era peor, que con su tremenda influencia me inducía a cometer crímenes terribles. El más espantoso de ellos, del que me desperté como enloquecido, era una tentativa de asesinato contra mi padre. Kromer afilaba un cuchillo. Estábamos escondidos entre los árboles de un paseo esperando a alguien, yo no sabía a quién; pero cuando apareció una persona  me indicó, apretándome el brazo, que era aquella a quien tenía yo que apuñalar, vi que era mi padre. Entonces me desperté”...

Podríamos deducir que Sinclair siempre era atraído por lo “prohibido”, ya que lo que es prohibido es atrayente.

El simbolismo aparece magníficamente reflejado en la figura heráldica que hay en el umbral de la casa de Sinclair: “un gavilán dorado que surge de un gran huevo, sobre un fondo azul marino. El pájaro rompe el cascarón. El cascarón es el mundo. Quien quiera nacer tiene que destruir el mundo. El pájaro vuela hacia Dios. El dios se llama Abraxas”. Estas frases resumen con exactitud la trama y objetivo de la obra, que es destacar los cambios inexorables en la vida del ser humano y su constante alternancia con el bien y el mal.

El simbolismo y el psicoanálisis en la base de la teoría de  Jung se visualizan desde la perspectiva de sus personajes. Tal como lo afirma Saura (2006)  Kromer: es nuestra parte oscura; pero también la natural fuerza de atracción hacia lo prohibido, imprescindible para “renacer”. Beatrice: es la belleza exterior o estética como pórtico de la belleza interior o ética. Sinclair la idealiza y busca la belleza en todas sus acciones: abandona las borracheras, se cuida en su vestimenta, sus actos, etc. Es la purificación necesaria que le permitirá reencontrar a Demian. Pistorius: el conocimiento que le permitirá tener la certeza de que su destino está en Demian. El saber intelectual necesario, tras la purificación, para poder ser uno mismo. Dicho saber ha de ser abandonado, pues, como enseñan algunos textos tibetanos, «tan solo es necesario para nuestra prueba». Pistorius le enseña lo que es Abraxas, pero él vive anclado en el pasado y no permite nacer en él el hombre nuevo y mejor. Emil Sinclair: el lector que tenga inquietudes y busque el sentido íntimo de las cosas, de la naturaleza y de sí mismo.

Demian es la reflexión hecha libro que muchos hemos realizado, o realizamos, en algún momento de nuestra vida. Es, sobre todo, el conflicto, eterno, entre lo que deseamos, lo que soñamos, y lo que, por suerte o por desgracia, la vida real nos da.  La historia está escrita en tonos psicoanalíticos y existencialistas que cuestionan sin cesar las creencias, vivencias, sueños, ideas, del protagonista, llevándolo de la luz a la oscuridad constante y angustiosamente.

María José Sánchez Díaz.



 ¿Somos Güegüenses al hablar?

“El Güegüense” constituye una de las primeras piezas teatrales en Hispanoamérica y la primera manifestación literaria nicaragüense más notable desde el tiempo colonial. La obra se desarrolla en un momento en concreto: la castellanización de la población un indígena de Nicaragua, marcada por el transcendental proceso del mestizaje. “El Güegüense” representa la licuación de culturas española e indígenas combinadas en el teatro, la danza y la música, incluso ésta se considera una obra bilingüe escrita en castellano y náhuatl, lo que hace que el valor de esta obra teatral nicaragüense sea lingüístico. 

En otras palabras, la obra tiene un gran valor léxico-semántico para la comprensión de habla nicaragüense como parte de su cultura. Actualmente esta obra de comedia-bailete es representada en el teatro callejero y en el 2005 es proclamada por la UNESCO como una verdadera joya cultural, a la vez recomiendan protegerla y preservarla por ser valorada como la primer pieza dramática de protesta en América. Por lo tanto, es importante explicar la importancia o funcionalidad de leer la obra de teatro “El Güegüense” especialmente en estudiantes de educación media desde el plano lingüístico para la comprensión del habla de nuestro país, ya que a través de ella conocerán los rasgos lingüísticos aún vigentes.

Esta pieza literaria  se origina durante la época colonial, lo que la hace la obra más antigua no solo de Nicaragua, sino también de América y la más representativa de las raíces indígenas. La obra “El güegüense” representa no solo el encuentro de culturas entre colonizadores españoles y nativos indígenas, sino, también representa el encuentro entre la lengua náhuatl y española, es decir un encuentro lingüístico. Hubo un proceso de adaptación de culturas y más tarde en los pueblos indígenas de América se impuso el español como lengua oficial y el cristianismo como religión impuesta; en la obra lo podemos notar en la forma del saludo:

Güegüense: “Ruego a Dios que proteja a usted, señor Gobernador Tastuanes”

En este saludo y en otros donde el Güegüense se dirige a las autoridades españolas se puede notar por sus palabras que el nativo se ha adaptado a las nuevas órdenes jerárquicas, siguiendo protocolos de presentación como mencionar a Dios y rogar o preguntar por la salud de estos. Esta forma en los saludos aún es vigente en el habla nicaragüense cuando se pregunta por la salud o se agradece a Dios por ella: “¿Cómo está?”  “Dios te guarde”, etc.

Así es como durante esta época se produce una combinación no solo de culturas, sino también de sintaxis que da lugar a una fusión de idiomas, a una aventura creadora, juegos de palabras, travesuras humorísticas y neologismos luego de ese interesante encuentro. Como aventura creadora tenemos la palabra “sobornal” o “arrebatiarse” la cual viene de arrebatiar que significa atar una res a la cola de un caballo, es una palabra creada para este acto a al que tuvieron que adaptarse, porque anteriormente los caballos no existían en américa o “cabriolé” que puede referirse a “una silla volante o descapotable o a un capote con mangas”[1], los cuales eran usados por los españoles, sin embargo en la obra, el Güegüense es quien se dice haberla usado, lo que representa la adopción de cultura y de lengua por lo que se puede decir que el habla nicaragüense es producto de un mestizaje lingüístico.

La obra teatral “El Güegüense” muestra la formación de la lengua que habla el nicaragüense, la cual en un inicio se construyó como un recurso lingüístico para el discurso crítico a la colonia española. Dentro de esa aventura creadora para la formación del habla nicaragüense, a como se refería antes, se obtienen los neologismos, que se refiere al vocablo, acepción o giro nuevo en una lengua[2], los cuales surgieron por la misma adaptación de culturas la castellanización y nahuatlización que dieron lugar a la formación de elementos gramaticales incorrectos o incluso nuevos, por ejemplo en la frase:

Güegüense: ¿”cojudos”? Pues qué, ¿no eran capones?”

la palabra “cojudos” es usado en vez de cojubo (animal no castrado) es un vocablo nuevo en el léxico de la época por adoptar la cultura de la castración de animales y de ahí nace la libertad creadora de la lengua que habla el nicaragüense.

Por estos motivos de adaptación y necesidad de la comunicación es que la lengua nativa pasó a ser de lengua dominante  a lengua dominada, siendo hoy en día solo un sustrato. Según explica Bonilla (2015: p.2) “en el año 1535 Carlos V había encomendado a los religiosos de la nueva España la responsabilidad de alfabetizar a los indios“[3] de esta manera, luego que los pueblos nahuas aprendieron español solo quedaron algunos léxicos de origen náhuatl como lengua de sustrato. En la obra desde el título “El Güegüense”, el cual corresponde también al nombre de personaje principal de ésta, ya es una palabra de origen náhuatl que significa viejo, también otras palabras de sustrato del náhuatl como en:

Güegüense:…ropa de contrabando, güipil de pecho güipil de pluma…

la palabra “güipil” del náhuatl huipilli que se refiere a una especie de blusa adornada propia de los trajes indígenas[4], que todavía se usa en México y Centroamérica. También la palabra “petate” del náhuatl petlatl´estera´ que significa, según la RAE “estera de palma, que se utiliza en los países cálidos para dormir en ellas”, y otras palabras que este mismo origen que se mencionan más adelante, pero que son –como toda la lengua nativa- hoy en día un sustrato.

En la obra teatral El Güegüense” se mantiene un dialecto mixto de un adstrato dominante y un sustrato en decadencia. Sin lugar a dudas, el colonialismo o la conquista española fue violenta lo que provocó que desapareciera gran porcentaje de la cultura de los pueblos nahuas  -incluida su lengua- debido a la imposición agresiva de la elite española y aunque en la obra si es evidente la presencia de indigenismos estos nada lo muestran como un sustrato en decadencia, sin embargo se mantiene una combinación lingüística bilingüe.

En “El Güegüense” se destacan rasgos lingüísticos náhuatl presentes en el español actual nicaragüense. Se presenta la palabra ´tecomaxochipl´ en el parlamento 159 que significa “madera floja”. Como algunos rasgos lingüísticos vigentes en el español nicaragüense se muestran en el uso de vulgarismos como “jipato”  que procede de hepático y se aplica al color amarillo verdoso, que podría tener sinonimia con pálido. Como otro rasgo lingüístico tenemos la palabra “soplado” que al parecer esta usado en el sentido de hinchado o “apupujado” es decir lleno.

Como otro rasgo lingüístico se presentan los arcaísmos presentes en la obra, por ejemplo; en el parlamento 11 la palabra “rompido” participio del verbo romper, es usada en la obra de forma arcaica y en la actualidad también es usada sobre todo en personas con bajos niveles de escolaridad. También la palabra “endenantes” es un arcaísmo que significa “antes  o con anterioridad”, aunque muchos de estos vocablos son gramaticalmente incorrectos y otros cayeron en desuso, aún tienen vigencia en la sociedad nicaragüense.

Las formas de tratamiento presentes en la obra “El Güegüense” reflejan las huellas lingüísticas en el español nicaragüense actual; esas huellas producto de ese proceso de castellanización o mestizaje lingüístico. La forma de tratamiento  “Don” el cual es un vocablo de origen hispano muy usado protocolarmente que anteceden al nombre de la persona a quien se le tiene respeto o como una expresión de distinción social o de cortesía, que en la obra se demuestra que es un vocablo ya muy adoptado por los nativos como a los hijos del Güegüense “Don Forsico” y “Don Ambrosio” y también el llamar “señor” a los considerados superiores como al “señor gobernados Tastuanes”, cabe mencionar que este nombre es producto también de esta mezcolanza puesto que el puesto de ´gobernador´ es de origen hispano, sin embargo, “Tastuanes” es de origen náhuatl Tlatoani, que significa “jefe”, se supone que esto es como estrategia que utilizaron los colonizadores para establecer negociaciones cuidosas con miembros poderosos de las civilizaciones indígenas (Dugan, 2018)[5], ya que esto fue necesario mientras se establecían.

Los fraseologismos en la obra “El Güegüense” continúan vigentes en el habla del nicaragüense y es señal de identidad hecha para la cultura  que le da a la lengua hermosura y sonoridad. En el parlamento 58 se lee el siguiente fraseologismo:

“Güegüense: ¡cómo no!, mala casta, ojos de sapo muerto…”

Y el parlamento 223:

“Güegüense: para eso es bueno este soplado, ojod de sapo muerto… ve, ¡que bizarra doncella esta otra muchacho!”

las cuales hacen referencia a las expresiones familiares y populares por parte de todos los actores dramáticos en la obra, los cuales evidencian las relaciones sociales de la época y aun en la actualidad.

Los hipocorísticos, dialectismos, vulgarismos y neologismos perviven en la formación del habla nicaragüense. El hipocorístico ‘tatita’ usado por Don Forsico para referirse a su padre el Güegüense es usado aun en la actualidad, o como en otras adaptaciones ‘papito’. Palabras como ‘petate’, ‘pachacha’, ‘chocola’ ‘güipil’, entre otras; son dialectismos que también son vigentes y  evidencian las relaciones sociales en Nicaragua.

En la obra “El güegüense” se alude que el castellano, producto del encuentro, también se nahuatlizó debido a que los conquistadores españoles tras el contacto con estos pueblos conservaron prestamos lingüísticos, como nombres de frutas y lugares como Managua, Nindiri. En la obra como se mencionaba antes se presentan variantes actuales del español nicaragüense como las palabras ‘petate’ o la expresión ‘de gorra’ que se refiere a “de gratis” los cuales son vigentes y aun le dan esa particularidad del habla nicaragüense.

 

Sin lugar a dudas la obra tiene un importante valor lingüístico que representa no solo la licuación de culturas, sino también de lengua, lo cual aportó a la formación del habla nicaragüense y ahí es donde radica la importancia de ser leída esta obra sobre todo en estudiantes de educación media, desde el plano léxico-semántico para conocer los rasgos lingüísticos náhuatl aún vigentes, pese a las embestidas del idioma español y a como dice Mantica: “el Náhuatl es un alengua hecha para la cultura, para la enseñanza. Cada palabra es un pequeño libro”[6].

María José Sánchez Díaz



[1] Cabriolé: 1. m. Automóvil descapotable. 2. m. Especie de capote con mangas o aberturas en los lados para sacar los brazos.

[2] RAE. De neo-, el gr. λόγος lógos 'palabra' e -ismo. 1. m. Ling. Vocablo, acepción o giro nuevo en una lengua. 2. m. Ling. Uso de neologismos.

[3] Bonilla Sánchez, J. (2015). Lengua náhuatl: un recorrido histórico lingüístico a través de los siglos.

[4] RAE.

[5] Dugan Iverson, S. (2018). Los eternos toltecas: historia y verdad durante la transición del periodo Azteca al periodo colonial.

[6] Mantica. (1989).

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