Albert
Camus fue un escritor francés, ensayista, dramaturgo, novelista, periodista y
filósofo, nacido en Argelia 1913 y murió en Francia en 1960. Escribió bajo el
movimiento filosófico del existencialismo heredado de Schopenhauer y de Hegel,
aunque como afirma Gutiérrez (2014): “Camus nunca quiso aceptar que los
críticos lo ubicasen dentro del existencialismo” (p.129) por lo que luego optó
por nombrar sus propias ideas como “La filosofía del absurdo” o “El absurdismo”
ideas en las que reflexiona sobre el caótico destino de los seres humanos y lo
absurdo de su existencia.
Jean-Baptiste
Clemence es el personaje protagónico de La Caída, de hecho el único que
explícitamente interactúa en la novela, ya que existe un interlocutor
silencioso el cual no logramos saber nada, más que por lo evidente, sólo
acompaña y escucha a Clemence. Jean-Baptiste Clemence cuenta su historia de
vida de años atrás cuando vivía en París y era un abogado de prestigio donde se
podría decir que había construido una “vida lograda” que demostraba una
sociabilidad feliz. El personaje se vanagloriaba diciendo que había hecho “lo
bueno” como dar limosnas a los pobres, ayudar a los ancianos o a un desvalido
en la calle pero que nada de esto le satisfacía.
Jean-Baptiste
Clemence es un personaje existencialmente desorientado en esta etapa de su
vida, pues busca darle sentido a su existencia actuando como un “buen
ciudadano” para lograr una buena imagen pública en un mundo idealizado, actuaba
con un ciudadano “correcto” aunque esos actos le causarán repugnancia, puesto
que no mostraba lo que realmente era, Camus en “El hombre rebelde” reflexiona
que “el hombre es la única criatura que se niega a ser lo que es” (Gutiérrez,
2014). Es algo absurdo en el ser humano, pues el hombre nunca muestra lo que
realmente es, o sus verdaderos propósitos, además es innegable que a diario
nuestros actos son cargados de segundas intenciones o a menudo le damos más
importancia al qué dirán los demás, pasando por encima de lo que realmente
queremos hacer y preferimos estar al lado del mundo que a veces nos doblega.
Según
Hernández (2009) “el absurdo nace como una confrontación dramática ante el
rostro del mundo: rudo, cerrado, extraño; rostro donde el silencio no expresa
el acuerdo entre los hombres, sino la negativa a un porqué de las indagaciones del sujeto” (p. 90). El
porqué de sus actos es lo que hizo razonar a Clemence y darse cuenta que sus
buenas acciones tienen una causa oculta, son estrategias para vivir encima de
los demás y es donde Camus refleja la ambigüedad y la dualidad del ser humano.
La dualidad del pensamiento del hombre se refleja en relación a sus actos.
Jean-Baptiste Clemence representa al hombre que siempre actúa pensando en sus
propios intereses.
La angustia existencial
se presenta por la situación difícil de la vida y ella se alimenta de la
irracionalidad en que se desenvuelve la sociedad (Gutiérrez, 2014). La sociedad inherentemente es irracional
debido a que siempre está sujeto a ideologías que le ponen “orden” al caos del
mundo en el que vivimos y a que, de lo
que no encontramos respuesta instantáneamente lo recompensamos a algún tipo de
ideología. Jean-Baptiste Clemence dejo el papel de “ser bueno” a un lado y se
inclinó al lado de la razón, una razón inconclusa pues es absurdo pensar que
encontraremos respuestas a las interrogantes sobre la vida y la existencia del ser humano y sus
comportamientos.
Tras
el suceso de la caída, que más bien
es el relato de un suicidio que Clemence observa, de una mujer lanzándose al
vacío sin que él moviese un dedo, fue un detonante para reconocer que no es tan
bueno y honorable como pensaba serlo lo que provoca un cambio inexorable en su
pensamiento y entra a un nuevo rol, el de ser “juez penitente” mientras cae en
la “indiferencia”, así suele llamársele comúnmente a la conducta de una persona
que no se incomoda con lo que suceda a su alrededor, a quien no le importa lo
demás a menos que no le afecte a la persona misma. La sociedad está doctrinada en
el pensamiento que el humanismo es ayudar y compartir el dolor de los demás, de
lo contrario sos un ser raro y extraño.
La
moral, en Camus, no está subordinada a una normatividad de corte deontológico,
es decir, no depende de principios establecidos jurídica y políticamente, que
tiendan a armonizar las conductas de los seres humanos, al inscribirse en la
relación del hombre con los demás individuos, y en las situaciones por las
cuales transita en su paso por la contingencia del vivir (Hernández, 2009).
Según los dogmas de la sociedad, Clemence se vuelve un personaje apático por
mostrarse indiferente con lo que acontece
a su alrededor, no obstante, Camus a través del personaje de Clemence
hace una crítica a las personas que
actúan ser buenos y solo son seres
duales. Camus a través de Clamence
y muchos otros personajes que reflejan su visión de la vida, muestra su propio
pensamiento pesimista en contra de “la manera racional” en que se sustenta la
vida social del hombre.
Hernán
Hesse, de similar manera, aborda en sus obras la preocupación filosófica por
las relaciones existentes entre el ser humano y lo absurdo de la vida, los
cuales pueden ser abordados bajo las teorías de Camus y de otros filósofos.
Demián es una novela escrita por Hernán Hesse a
finales de la Primera Guerra Mundial, destacándose en el terreno de lo filosófico; al contar una
biografía imaginaria (que algunos afirman que es parte de la biografía de
Hesse), donde también afloran elementos psicológicos como tal, el existencialismo según Albert
Camus “la filosofía de lo absurdo” la cual es una corriente de pensamiento
sumamente popular en su época que se manifiesto en los más variados ámbitos de
las artes, como la novela, el teatro o el cine, y Demián no es la excepción ya
que se trata de ideas reflexivas sobre
el caos del destino del ser humano en cuanto a su existencia.
Demian es una obra en la
que resuena el espíritu de la época con sus notables influjos culturales; así
llega hasta ella de modo especial, el
psicoanálisis profundo junguiano. La novela “Demian” está impregnada de las
doctrinas psicoanalíticas junguianas la cual nos dice que no se puede afirmar
con seguridad absoluta que las figuras de los espíritus sean moralmente buenas,
de manera que las bases sobre la cual se
edifica la vida inconsciente de la psique, son tan poco firmes, que no podemos
nunca saber cuánta maldad se necesita para atraer la bondad, ni cuánta bondad
es capaz de inducir a la maldad. Lo cual nos conlleva a una alegoría de
razonamientos. Toda la obra es una persecución del “sí mismo”, distinto del
“yo”. Proceso que debe recorrer por sus diferentes etapas.
En cuanto a Sinclair
experimenta una crisis existencial a través de Kromer, encarna pues, este
arquetipo del espíritu, en su aspecto negativo, que luego de una serie de
sucesos se da cuenta que existe un mundo más allá de su mundo idealizado y
luminoso, pero necesario para una renovación, de la que nuestro personaje,
hasta el momento, poco conoce y de allí su carácter de terrible e incierto
(Soto, 2011). Ante la fatalidad y la revelación de este mundo tenebroso,
aparece un nuevo guía, pero ahora, manifestando el aspecto positivo y superior
del arquetipo que antes se había mencionado (el de Kromer). A través de la
historia de Caín y Abel, Demian se presenta a Sinclair, con cuestionamientos
nuevos de aquello que hasta entonces había representado una verdad
incuestionable, la de Caín un hombre noble y Abel un cobarde.
En esta nueva etapa,
encontramos la ambivalencia que experimenta Sinclair, de la mano de Alfons Beck, Emil se
experimenta de lleno sumergido en su
mundo oscuro; posteriormente traba amistad con un organista de iglesia llamado
Pistorius con quien aprende muchísimo acerca de una deidad ambivalente llamada
Abraxas. Pistorius posee un conocimiento enciclopédico sobre este dios, que
combina lo bueno y lo malo, y que Emil considera muy adecuado porque reúne
ambos aspectos humanos.
La dualidad en Emil se ve reflejada cuando expresa que su relación se fue
haciendo cada vez más estrecha y más profunda con Abraxas, “comencé a darme
cuenta de que en mi sueño invocaba a Abraxas”… “Placer mezclado con espanto,
hombre y mujer entrelazados, lo más sagrado junto a lo más horrible, la culpa
más negra palpitando bajo la más tierna inocencia: así era también Abraxas”. El
personaje de Sinclair exhibe la dualidad del
ser humano en la que el bien y el mal son inseparables e inevitables en
la personalidad del hombre. En la figura de Beatrice, también destaca la
dualidad del hombre: “eran las dos cosas, esas dos cosas y muchas más: ángel y
demonio, hombre y mujer, hombre y animal, bien supremo y hondo mal. Pensé que
estaba predestinado a vivir aquello, que mi destino era probarlo. Sentía deseos
y miedo; pero siempre lo tenía presente”
En la obra la figura de
Dios aparece en varios personajes en los cuales están sus principios cristianos
inculcados por sus padres, luego Demian,
Pistorius, Frau Eva y el propio Sinclair–, sobre los cuales girará la
formación filosófica, o «conciencia individual» del protagonista. En la obra se
describe como el hombre se ha sometido a Dios un ser supremo en un mundo real
de apariencias tal como lo plantea Nietzsche (1900) con “La filosofía a
martillo” inversión de valores con falta de sentidos, a lo bueno se le llama
malo y a lo malo bueno. Se hace patente
el fracaso de los sistemas, tanto políticos como religiosos, quedando el
individuo solo ante sí mismo, y ante a Abraxas que simbolizaba el espíritu
libre y combativo en busca de su propia identidad, a través de la unión de
contrarios (el bien y el mal).
Podríamos decir que la
obra se puede interpretar desde óptica nihilista, se evidencia por su crítica a
todo movimiento ideológico, principalmente a los obstaculizan al hombre de razonar y criticar todo
movimiento limita su pensamiento como la dualidad separadora de los monoteísmos
dogmáticos, especialmente el cristianismo.
El protagonista comienza
a conocerse y a conocer el mundo, tal a como es (la vida, la muerte, la
amistad, el amor, el pensamiento, la acción, la familia, la naturaleza, la
religión) sobre todo, la polaridad -por otro lado, una constante en algunos de
los personajes más importantes y conocidos de Hesse, es que somos doble. Somos
lo positivo y lo negativo, lo blanco y lo negro. Pero todo está en nosotros.
También se visualiza el desencantamiento de
Sinclair con las opuestas visiones de la vida que dilaceraban
su alma. Por un lado estaba el mundo luminoso y claro del bien, y por el otro
sentía vivir la oscuridad y el mal. Su anhelada pretensión era la de marchar de
continuo cumpliendo con una vida ejemplar, asignada por las ejemplos de sus padres, pero no podía dejar de sentir
el agotamiento dentro de sí- de inclinaciones que lo apartaban de ese mundo
empujándolo exageradamente, sentía como
"perdición". Esa atracción
(catarsis) hacia lo tenebroso, tal vez haya sido responsable de su
acercamiento, con Kromer.
La obra también se puede
interpretar desde el punto de vista del psicoanálisis, en relación con la
teoría freudiana de los sueños:
“Sinclair
afirma entre otras cosas que soñaba a
menudo que Kromer me maltrataba, que me escupía y se arrodillaba sobre mí; y,
lo que era peor, que con su tremenda influencia me inducía a cometer crímenes
terribles. El más espantoso de ellos, del que me desperté como enloquecido, era
una tentativa de asesinato contra mi padre. Kromer afilaba un cuchillo.
Estábamos escondidos entre los árboles de un paseo esperando a alguien, yo no
sabía a quién; pero cuando apareció una persona
me indicó, apretándome el brazo, que era aquella a quien tenía yo que
apuñalar, vi que era mi padre. Entonces me desperté”...
Podríamos deducir que
Sinclair siempre era atraído por lo “prohibido”, ya que lo que es prohibido es
atrayente.
El simbolismo aparece
magníficamente reflejado en la figura heráldica que hay en el umbral de la casa
de Sinclair: “un gavilán dorado que surge de un gran huevo, sobre un fondo azul
marino. El pájaro rompe el cascarón. El cascarón es el mundo. Quien quiera
nacer tiene que destruir el mundo. El pájaro vuela hacia Dios. El dios se llama
Abraxas”. Estas frases resumen con exactitud la trama y objetivo de la obra,
que es destacar los cambios inexorables en la vida del ser humano y su
constante alternancia con el bien y el mal.
El simbolismo y el
psicoanálisis en la base de la teoría de
Jung se visualizan desde la perspectiva de sus personajes. Tal como lo
afirma Saura (2006) Kromer: es nuestra
parte oscura; pero también la natural fuerza de atracción hacia lo prohibido,
imprescindible para “renacer”. Beatrice: es la belleza exterior o estética como
pórtico de la belleza interior o ética. Sinclair la idealiza y busca la belleza
en todas sus acciones: abandona las borracheras, se cuida en su vestimenta, sus
actos, etc. Es la purificación necesaria que le permitirá reencontrar a Demian.
Pistorius: el conocimiento que le permitirá tener la certeza de que su destino
está en Demian. El saber intelectual necesario, tras la purificación, para
poder ser uno mismo. Dicho saber ha de ser abandonado, pues, como enseñan
algunos textos tibetanos, «tan solo es necesario para nuestra prueba».
Pistorius le enseña lo que es Abraxas, pero él vive anclado en el pasado y no
permite nacer en él el hombre nuevo y mejor. Emil Sinclair: el lector que tenga
inquietudes y busque el sentido íntimo de las cosas, de la naturaleza y de sí
mismo.
Demian es la reflexión
hecha libro que muchos hemos realizado, o realizamos, en algún momento de
nuestra vida. Es, sobre todo, el conflicto, eterno, entre lo que deseamos, lo
que soñamos, y lo que, por suerte o por desgracia, la vida real nos da. La historia está escrita en tonos
psicoanalíticos y existencialistas que cuestionan sin cesar las creencias,
vivencias, sueños, ideas, del protagonista, llevándolo de la luz a la oscuridad
constante y angustiosamente.
María José Sánchez Díaz.