miércoles, 10 de agosto de 2022

El lector que tenga inquietudes y busque el sentido íntimo de las cosas, de la naturaleza y de sí mismo.

 

“La preocupación filosófica por las relaciones existentes entre el ser humano y lo absurdo de la vida en La caída de Albert Camus y Damián de Hernán Hesse”

La caída es una obra, como todas las Camus, simbólica. Sin embargo, La Caída en particular es una novela que agrega algo más en el estilo literario de Camus y es que no utiliza símbolos con un significado fiel, más bien utiliza un símbolo que abre paso a varias interpretaciones.

Albert Camus fue un escritor francés, ensayista, dramaturgo, novelista, periodista y filósofo, nacido en Argelia 1913 y murió en Francia en 1960. Escribió bajo el movimiento filosófico del existencialismo heredado de Schopenhauer y de Hegel, aunque como afirma Gutiérrez (2014): “Camus nunca quiso aceptar que los críticos lo ubicasen dentro del existencialismo” (p.129) por lo que luego optó por nombrar sus propias ideas como “La filosofía del absurdo” o “El absurdismo” ideas en las que reflexiona sobre el caótico destino de los seres humanos y lo absurdo de su existencia.

Jean-Baptiste Clemence es el personaje protagónico de La Caída, de hecho el único que explícitamente interactúa en la novela, ya que existe un interlocutor silencioso el cual no logramos saber nada, más que por lo evidente, sólo acompaña y escucha a Clemence. Jean-Baptiste Clemence cuenta su historia de vida de años atrás cuando vivía en París y era un abogado de prestigio donde se podría decir que había construido una “vida lograda” que demostraba una sociabilidad feliz. El personaje se vanagloriaba diciendo que había hecho “lo bueno” como dar limosnas a los pobres, ayudar a los ancianos o a un desvalido en la calle pero que nada de esto le satisfacía.

Jean-Baptiste Clemence es un personaje existencialmente desorientado en esta etapa de su vida, pues busca darle sentido a su existencia actuando como un “buen ciudadano” para lograr una buena imagen pública en un mundo idealizado, actuaba con un ciudadano “correcto” aunque esos actos le causarán repugnancia, puesto que no mostraba lo que realmente era, Camus en “El hombre rebelde” reflexiona que “el hombre es la única criatura que se niega a ser lo que es” (Gutiérrez, 2014). Es algo absurdo en el ser humano, pues el hombre nunca muestra lo que realmente es, o sus verdaderos propósitos, además es innegable que a diario nuestros actos son cargados de segundas intenciones o a menudo le damos más importancia al qué dirán los demás, pasando por encima de lo que realmente queremos hacer y preferimos estar al lado del mundo que a veces  nos doblega.

Según Hernández (2009) “el absurdo nace como una confrontación dramática ante el rostro del mundo: rudo, cerrado, extraño; rostro donde el silencio no expresa el acuerdo entre los hombres, sino la negativa a un porqué  de las indagaciones del sujeto” (p. 90). El porqué de sus actos es lo que hizo razonar a Clemence y darse cuenta que sus buenas acciones tienen una causa oculta, son estrategias para vivir encima de los demás y es donde Camus refleja la ambigüedad y la dualidad del ser humano. La dualidad del pensamiento del hombre se refleja en relación a sus actos. Jean-Baptiste Clemence representa al hombre que siempre actúa pensando en sus propios intereses.

La angustia existencial se presenta por la situación difícil de la vida y ella se alimenta de la irracionalidad en que se desenvuelve la sociedad (Gutiérrez, 2014).  La sociedad inherentemente es irracional debido a que siempre está sujeto a ideologías que le ponen “orden” al caos del mundo en el que vivimos y a que,  de lo que no encontramos respuesta instantáneamente lo recompensamos a algún tipo de ideología. Jean-Baptiste Clemence dejo el papel de “ser bueno” a un lado y se inclinó al lado de la razón, una razón inconclusa pues es absurdo pensar que encontraremos respuestas a las interrogantes sobre la vida y la  existencia del ser humano y sus comportamientos.

Tras el suceso de la caída, que más bien es el relato de un suicidio que Clemence observa, de una mujer lanzándose al vacío sin que él moviese un dedo, fue un detonante para reconocer que no es tan bueno y honorable como pensaba serlo lo que provoca un cambio inexorable en su pensamiento y entra a un nuevo rol, el de ser “juez penitente” mientras cae en la “indiferencia”, así suele llamársele comúnmente a la conducta de una persona que no se incomoda con lo que suceda a su alrededor, a quien no le importa lo demás a menos que no le afecte a la persona misma. La sociedad está doctrinada en el pensamiento que el humanismo es ayudar y compartir el dolor de los demás, de lo contrario sos un ser raro y extraño.

La moral, en Camus, no está subordinada a una normatividad de corte deontológico, es decir, no depende de principios establecidos jurídica y políticamente, que tiendan a armonizar las conductas de los seres humanos, al inscribirse en la relación del hombre con los demás individuos, y en las situaciones por las cuales transita en su paso por la contingencia del vivir (Hernández, 2009). Según los dogmas de la sociedad, Clemence se vuelve un personaje apático por mostrarse indiferente con lo que acontece  a su alrededor, no obstante, Camus a través del personaje de Clemence hace una crítica a las  personas que actúan ser buenos y solo son seres  duales. Camus a través  de Clamence y muchos otros personajes que reflejan su visión de la vida, muestra su propio pensamiento pesimista en contra de “la manera racional” en que se sustenta la vida social del hombre.

Hernán Hesse, de similar manera, aborda en sus obras la preocupación filosófica por las relaciones existentes entre el ser humano y lo absurdo de la vida, los cuales pueden ser abordados bajo las teorías de Camus y de otros filósofos.

Demián  es una novela escrita por Hernán Hesse a finales de la Primera Guerra Mundial, destacándose  en el terreno de lo filosófico; al contar una biografía imaginaria (que algunos afirman que es parte de la biografía de Hesse), donde también afloran elementos psicológicos  como tal, el existencialismo según Albert Camus “la filosofía de lo absurdo” la cual es una corriente de pensamiento sumamente popular en su época que se manifiesto en los más variados ámbitos de las artes, como la novela, el teatro o el cine, y Demián no es la excepción ya que se trata  de ideas reflexivas sobre el caos del destino del ser humano en cuanto a su existencia.

Demian es una obra en la que resuena el espíritu de la época con sus notables influjos culturales; así llega hasta ella  de modo especial, el psicoanálisis profundo junguiano. La novela “Demian” está impregnada de las doctrinas psicoanalíticas junguianas la cual nos dice que no se puede afirmar con seguridad absoluta que las figuras de los espíritus sean moralmente buenas, de manera que  las bases sobre la cual se edifica la vida inconsciente de la psique, son tan poco firmes, que no podemos nunca saber cuánta maldad se necesita para atraer la bondad, ni cuánta bondad es capaz de inducir a la maldad. Lo cual nos conlleva a una alegoría de razonamientos. Toda la obra es una persecución del “sí mismo”, distinto del “yo”. Proceso que debe recorrer por sus diferentes  etapas.

En cuanto a Sinclair experimenta una crisis existencial a través de Kromer, encarna pues, este arquetipo del espíritu, en su aspecto negativo, que luego de una serie de sucesos se da cuenta que existe un mundo más allá de su mundo idealizado y luminoso, pero necesario para una renovación, de la que nuestro personaje, hasta el momento, poco conoce y de allí su carácter de terrible e incierto (Soto, 2011). Ante la fatalidad y la revelación de este mundo tenebroso, aparece un nuevo guía, pero ahora, manifestando el aspecto positivo y superior del arquetipo que antes se había mencionado (el de Kromer). A través de la historia de Caín y Abel, Demian se presenta a Sinclair, con cuestionamientos nuevos de aquello que hasta entonces había representado una verdad incuestionable, la de Caín un hombre noble y Abel un cobarde.

En esta nueva etapa, encontramos la ambivalencia que experimenta Sinclair,  de la mano de Alfons Beck, Emil se experimenta  de lleno sumergido en su mundo oscuro; posteriormente traba amistad con un organista de iglesia llamado Pistorius con quien aprende muchísimo acerca de una deidad ambivalente llamada Abraxas. Pistorius posee un conocimiento enciclopédico sobre este dios, que combina lo bueno y lo malo, y que Emil considera muy adecuado porque reúne ambos aspectos humanos.

La  dualidad  en Emil se ve reflejada  cuando expresa que su relación se fue haciendo cada vez más estrecha y más profunda con Abraxas, “comencé a darme cuenta de que en mi sueño invocaba a Abraxas”… “Placer mezclado con espanto, hombre y mujer entrelazados, lo más sagrado junto a lo más horrible, la culpa más negra palpitando bajo la más tierna inocencia: así era también Abraxas”. El personaje de Sinclair exhibe la dualidad del  ser humano en la que el bien y el mal son inseparables e inevitables en la personalidad del hombre.   En la figura de Beatrice, también destaca la dualidad del hombre: “eran las dos cosas, esas dos cosas y muchas más: ángel y demonio, hombre y mujer, hombre y animal, bien supremo y hondo mal. Pensé que estaba predestinado a vivir aquello, que mi destino era probarlo. Sentía deseos y miedo; pero siempre lo tenía presente”

En la obra la figura de Dios aparece en varios personajes en los cuales están sus principios cristianos inculcados por sus padres, luego Demian,  Pistorius, Frau Eva y el propio Sinclair–, sobre los cuales girará la formación filosófica, o «conciencia individual» del protagonista. En la obra se describe como el hombre se ha sometido a Dios un ser supremo en un mundo real de apariencias tal como lo plantea Nietzsche (1900) con “La filosofía a martillo” inversión de valores con falta de sentidos, a lo bueno se le llama malo  y a lo malo bueno. Se hace patente el fracaso de los sistemas, tanto políticos como religiosos, quedando el individuo solo ante sí mismo, y ante a Abraxas que simbolizaba el espíritu libre y combativo en busca de su propia identidad, a través de la unión de contrarios (el bien y el mal).

Podríamos decir que la obra se puede interpretar desde óptica nihilista, se evidencia por su crítica a todo movimiento ideológico, principalmente a los obstaculizan  al hombre de razonar y criticar todo movimiento limita su pensamiento como la dualidad separadora de los monoteísmos dogmáticos, especialmente el cristianismo.

El protagonista comienza a conocerse y a conocer el mundo, tal a como es (la vida, la muerte, la amistad, el amor, el pensamiento, la acción, la familia, la naturaleza, la religión) sobre todo, la polaridad -por otro lado, una constante en algunos de los personajes más importantes y conocidos de Hesse, es que somos doble. Somos lo positivo y lo negativo, lo blanco y lo negro. Pero todo está en nosotros.

También  se visualiza el desencantamiento de Sinclair  con las  opuestas visiones de la vida que dilaceraban su alma. Por un lado estaba el mundo luminoso y claro del bien, y por el otro sentía vivir la oscuridad y el mal. Su anhelada pretensión era la de marchar de continuo cumpliendo con una vida ejemplar, asignada por las ejemplos  de sus padres, pero no podía dejar de sentir el agotamiento dentro de sí- de inclinaciones que lo apartaban de ese mundo empujándolo  exageradamente, sentía como "perdición". Esa atracción  (catarsis) hacia lo tenebroso, tal vez haya sido responsable de su acercamiento, con  Kromer.

La obra también se puede interpretar desde el punto de vista del psicoanálisis, en relación con la teoría freudiana de los sueños:

“Sinclair afirma  entre otras cosas que soñaba a menudo que Kromer me maltrataba, que me escupía y se arrodillaba sobre mí; y, lo que era peor, que con su tremenda influencia me inducía a cometer crímenes terribles. El más espantoso de ellos, del que me desperté como enloquecido, era una tentativa de asesinato contra mi padre. Kromer afilaba un cuchillo. Estábamos escondidos entre los árboles de un paseo esperando a alguien, yo no sabía a quién; pero cuando apareció una persona  me indicó, apretándome el brazo, que era aquella a quien tenía yo que apuñalar, vi que era mi padre. Entonces me desperté”...

Podríamos deducir que Sinclair siempre era atraído por lo “prohibido”, ya que lo que es prohibido es atrayente.

El simbolismo aparece magníficamente reflejado en la figura heráldica que hay en el umbral de la casa de Sinclair: “un gavilán dorado que surge de un gran huevo, sobre un fondo azul marino. El pájaro rompe el cascarón. El cascarón es el mundo. Quien quiera nacer tiene que destruir el mundo. El pájaro vuela hacia Dios. El dios se llama Abraxas”. Estas frases resumen con exactitud la trama y objetivo de la obra, que es destacar los cambios inexorables en la vida del ser humano y su constante alternancia con el bien y el mal.

El simbolismo y el psicoanálisis en la base de la teoría de  Jung se visualizan desde la perspectiva de sus personajes. Tal como lo afirma Saura (2006)  Kromer: es nuestra parte oscura; pero también la natural fuerza de atracción hacia lo prohibido, imprescindible para “renacer”. Beatrice: es la belleza exterior o estética como pórtico de la belleza interior o ética. Sinclair la idealiza y busca la belleza en todas sus acciones: abandona las borracheras, se cuida en su vestimenta, sus actos, etc. Es la purificación necesaria que le permitirá reencontrar a Demian. Pistorius: el conocimiento que le permitirá tener la certeza de que su destino está en Demian. El saber intelectual necesario, tras la purificación, para poder ser uno mismo. Dicho saber ha de ser abandonado, pues, como enseñan algunos textos tibetanos, «tan solo es necesario para nuestra prueba». Pistorius le enseña lo que es Abraxas, pero él vive anclado en el pasado y no permite nacer en él el hombre nuevo y mejor. Emil Sinclair: el lector que tenga inquietudes y busque el sentido íntimo de las cosas, de la naturaleza y de sí mismo.

Demian es la reflexión hecha libro que muchos hemos realizado, o realizamos, en algún momento de nuestra vida. Es, sobre todo, el conflicto, eterno, entre lo que deseamos, lo que soñamos, y lo que, por suerte o por desgracia, la vida real nos da.  La historia está escrita en tonos psicoanalíticos y existencialistas que cuestionan sin cesar las creencias, vivencias, sueños, ideas, del protagonista, llevándolo de la luz a la oscuridad constante y angustiosamente.

María José Sánchez Díaz.



2 comentarios:

“Comprendiendo su muerte”

  Ensayo crítico literario de El Túnel de Ernesto Sábato by Daryl Loana Rayo Imagen: Los amantes. Akseli Gallen-Kallela. 1917 “Comprendiendo...